Durante la excavación para un nuevo centro logístico junto a la A-3, el equipo detectó que el material arcilloso extraído no se comportaba como un suelo granular típico; al humedecerse adquiría una consistencia pegajosa que dificultaba el trabajo con maquinaria. Para clasificar correctamente ese terreno y predecir su comportamiento ante cambios de humedad, se recurrió a los Límites de Atterberg. Este ensayo determina los umbrales de contenido de agua en que un suelo pasa de estado sólido a semisólido, de semisólido a plástico y de plástico a líquido. En Valencia, donde alternan depósitos aluviales del Turia con arcillas expansivas del Mioceno marino, conocer estos límites evita sorpresas en obra. El laboratorio acreditado ISO 17025 aplica el procedimiento UNE 103103/103104 para obtener el límite líquido (LL), límite plástico (LP) e índice de plasticidad (IP), datos que luego se integran con la clasificación de suelos mediante el Sistema Unificado (SUCS).

Los suelos arcillosos de Valencia pueden duplicar su volumen al saturarse; los Límites de Atterberg revelan ese riesgo antes de cimentar.