Muchas constructoras asumen que en la llanura aluvial de Valencia el suelo es uniforme y competente en toda la ciudad, hasta que aparece un bolsón de limos blandos o un nivel freático alto que tumba el presupuesto. Un diseño de cimentaciones superficiales mal calibrado sobre terrenos con ese contraste genera asientos diferenciales que agrietan forjados y encarecen reparaciones. Por eso, antes de proyectar zapatas o losas de cimentación conviene complementar la campaña con un estudio de mecánica de suelos que identifique estratos problemáticos y defina la tensión admisible real.

En Valencia, el nivel freático obliga a considerar empuje hidrostático y posible licuefacción en arenas sueltas desde los 1,5 metros.