Valencia se asienta sobre la llanura aluvial del río Turia y el marjal costero, con niveles freáticos altos que rara vez bajan de los 2-3 metros de profundidad. Esta combinación de arenas sueltas y agua satura el subsuelo, generando un escenario clásico para la licuefacción de suelos durante un terremoto. En nuestra experiencia, los depósitos holocenos del centro histórico y el puerto presentan densidades relativas bajas (N₁₆₀ < 15 golpes), lo que obliga a un análisis de licuefacción de suelos riguroso, complementado con un ensayo de penetración SPT para correlacionar la resistencia a la penetración con el potencial de licuefacción según Youd-Idriss (2001).

En depósitos aluviales con menos del 15% de finos, la licuefacción puede dispararse con aceleraciones sísmicas moderadas (0,13 g) si el nivel freático está a menos de 3 metros.