Un error habitual en obras de Valencia es asumir que cualquier geomalla vale para cualquier relleno. No es así. La elección falla cuando se ignora la resistencia a fluencia del polímero o la interacción con el suelo circundante. En la zona de la Albufera, por ejemplo, los limos orgánicos exigen mallas con abertura grande y alta rigidez. En cambio, en suelos granulares del interior se requieren valores de movilización distintos. Por eso, antes de definir la malla conviene realizar una clasificación de suelos que determine el tipo de contacto y el ángulo de fricción disponible.

La resistencia a fluencia del polímero y la interacción suelo-malla definen la vida útil del refuerzo. No basta con la carga última.